Comunicación interpersonal y tecnologías mediáticas

Antes la gente coleccionaba estampillas y postales. Mi abuela, por ejemplo, tenía un montón. Yo misma, cuando era chica, juntaba figuritas de Frutillitas y más tarde, durante el mundial del noventa, llegué a completar un álbum con recortes de diarios y fotos de Claudio Paul “el pájaro” Caniggia. En fin. Mi hermana coleccionaba cajitas de Camel, y un vecino tenía el garage lleno de latitas de gaseosa y cervezas. Ahora la gente colecciona contactos en el messenger, amigos en facebook y seguidores en twitter. O fotologs. O blogs.

¿Cómo hablar hoy de la vinculación existente entre el uso de las tecnologías mediáticas y la comunicación interpersonal de la misma manera que hace solo diez años? ¿Cómo hacerlo después de la explosión de Internet?

Antes de la aparición de Internet, las tecnologías mediáticas de la comunicación podían ser clasificadas, digamos, bipolarmente: Podían ser interpersonales (teléfono, correspondencia) o masivas (televisión, cine, radio, prensa). Intimas o colectivas. Privadas o públicas. Y así sucesivamente. La gran diferencia de Internet es que es todo eso junto. Si bien es de alcance masivo (sin duda el medio de mayor alcance masivo en cuanto a espacio territorial), es también personalizado y permite una interacción jamás experimentada anteriormente. Los mensajes que circulan a través de la web son públicos, privados, masivos, interpersonales, íntimos, colectivos. Y más. Mucho más. ¿De qué manera influye la profusión de tecnologías mediáticas, sobre todo Internet, en la comunicación interpersonal?

Aquí algunas cuestiones que se me ocurren para analizar:


¿Qué ves cuando me ves? Las tecnologías mediáticas –hay que decirlo aunque resulte obvio– afectan los sistemas perceptivos. En este sentido, exigen el desarrollo de nuevas competencias en los sujetos. Es de sobra conocida la anécdota sobre la primera proyección cinematográfica de los hermanos Lumière: al ver un tren abalanzarse sobre ellos, los espectadores salieron corriendo. Después, menos mal, aprendieron a quedarse sentados (digo, por suerte para la industria hollywoodense). La digitalización de la imagen, que permite trucas perfectas, quiebra la barrera del verosímil. Ya no se trata de ver para creer: vemos cosas que nos parecen increíbles. Si yo no le explicara a mi mamá (porque antes alguien me lo explicó a mi) que una maravilla de la computación permite –a través de una recreación perfectamente sincronizada– juntar la imagen digital de un cantante fallecido hace treinta años con una intérprete de carne y hueso ¿qué creería al ver a Celine Dion cantando, en vivo sobre un escenario, junto a Elvis Presley? A partir de la magia de la digitalización nos convertimos, de nuevo, en esos espectadores de cine incapaces de distinguir la pantalla de la realidad. Con la diferencia de que, ahora, en lugar de salir corriendo nos quedamos esperando que el tren nos pase por encima. Y que lo haga de una buena vez.


The Mask. Siempre llevamos una máscara. En los intercambios cara a cara como en los mediatizados, en la tierra como en el cielo. Sin embargo, determinados aspectos de nuestra fachada resultan, en los encuentros cara a cara, particularmente difíciles de enmascarar. Y aquí es donde aparece la magia liberadora de las tecnologías mediáticas, a ofrecernos el disfraz que estábamos buscando para poder entrar de lleno en el carnaval. El cambio de identidad. El efecto catártico que encuentra Sábato en la escritura. El que descubre el locutor en la radio, el actor en el cine, o el flogger en la web. Pero también el que encuentra Casciari en el teléfono negro, a disco y del Estado que usaba para hacer las cachadas que relata en Canelones. La doble ilusión del carnaval: convencer al otro de lo que no somos, o permitir que lo que verdaderamente somos fluya a través de las máscaras. Y la tecnología mediáticas es, en este sentido, el Rey Momo.


Apocalípticos e integrados. "He visto algunas películas donde la alienación y la sociedad son tales que las personas buscan amarse a través de un monitor”, dice Ernesto Sábato en La Resistencia. Como si fuera posible amarse solo a través de un monitor. Internet, la digitalización, los nuevos medios de comunicación, complementan la comunicación interpersonal, pero en ningún caso podrían sustituirla. ¿O es que no sentimos, a veces, la necesidad de traspasar el blog y hablar, cara a cara, con quien está escribiendo del otro lado? Vivimos en un mundo en el que lo digital complementa, pero no reemplaza, nunca, a la autenticidad analógica.

2 comentarios:

  1. ¿No estás leyendo demasiados libros de la Editorial Paidós? Intentá una cosa: agarrá a tu beba en brazos y salí a caminar por el barrio... Llevala a la plaza... Y observala cómo se como el mundo con los ojos... Y como busca los ojos de los demás... Y empezá a hablar con la gente y que ella "sienta" de qué se trata eso de "conectarse" sin Wifi ni Banda Ancha de por medio... Aprovechá que ahora viene el calor y sacá una silla a la puerta de calle, sentada con ella en la falda... Tomando unos mates... Empezá a hacerlo seguido, y vas a ver que hay más gente dispuesta a conectarse de lo que solemos creer... Tu hija es hermosa... Sale a la madre... Y sí, lo de "Chica práctica" estuvo muy bien elegido.

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  2. Anónimo:
    Hola,
    Te cuento que todo lo que estoy leyendo últimamente son instrucciones para preparar papillas. Pero lamento profundamente sonar tan paidostizada, por decirlo de algún modo.
    Me encanta lo que me proponés, adoro salir a caminar con mi hija y sé que hay mucha gente dispuesta a conectarse sin redes de por medio. Lo voy a hacer más seguido.
    Gracias por comentar y, principalmente, gracias por el piropo!

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